sábado, 5 de mayo de 2012

hoy.

Es una isla en mitad de la nada.
Completamente rodeada de un líquido rojo
viscoso ahoga a los niños que
intentan acercarse a mi rescate.
Ahí es dónde duermo
-con los ojos abiertos-
ese es mi hogar ahora sin puerta
(innecesaria como la comida)
porque es una isla en mitad de mi nada.

Me cuento los dedos y los días
una y otra vez, y otra
y no entiendo el sumatorio
que plaga mis retinas apagadas. Y otra.

 -¡Dónde estoy!- grito y ojos hambrientos
lanzan manos sucias desconocidas
flotan en la superficie, anónimas
sólo desean la poca carne que me queda.
-¡Tomad, lleváosla! pero dejadme volver-
ó dejadme comprar la muerte que precise.
Y sólo llegan semidioses para ayudarme
 a seguir entre animales moribundos.

Hay una pequeña tumba en el suelo
que recorre mi piel yerma de aluminio,
en las noches de luna pesada me tumbo
con las manos abiertas y canto
sé que nunca vendrá, sé que marcharon
porque el cielo ya no me resguarda.

Lloro tiempo que ya no es, eso es hoy
e intento seguir adelante
limpiando con las manos vacias
los ojos de muerte que me restan. Ciego.
Me ahogo de nuevo en un líquido rojo y espeso.

Mi corazón
es una isla en mitad de la nada.

domingo, 15 de abril de 2012

Séptimo día.

Es una canción de Fangoria
y lo que fue ya no pulsa
devorado por la inercia casual

respiro lento y paso desapercibido.
Mojas sin humedad la cara visceral
de mi pericardio hilvanado

porque no habrá nada que esperar.
Avanzarás por mis encías como
mi antiguo cepillo dental y

dejaré de lamer mis patas delanteras
porque tu saliva reflejaría
aquellos días de dientes y sal.

La calma falleció hace 7 días
y en la bolsa sólo queda espera
aunque ya no sepa dónde estamos

muertos. Agonizando yo solo.
Es una canción de Fangoria
y no sé cómo pasarla.

miércoles, 15 de junio de 2011

Tristeza



Es un ácido: corrosivo, lento, inexorable

la sangre reacciona con mi sudor de lejia
recordando estas heridas tan invisibles que tú

no las intuyes -ya no-

cuenta el reloj y mi cerebro se inutiliza
cegado por una colcha de retales variopintos

así de débil me he vuelto ahora que soy nuevo


es un ácido doloroso al inicio

desgarra

penetra en cada rincon apolillado
de esta memoria torpe que ahora no sirve

-desearía guardarla en aquella caja azul-
sabe que puedo llegar a odiarme


escriben que su actividad no es eterna
-se inactiva-
pero este momento sí lo es.


Soy un ácido, lento, corrosivo e inexorable.

jueves, 9 de junio de 2011

Espacio.

Hoy sobra espacio para mi cepillo de dientes
uso una pasta grisácea amarga inconstante

que se hace más densa cuando pasan los días
cerrando cada envase agotado metódicamente

no espero más de las mañanas de viernes santo
ahora que aprendí a temer las vísperas

porque el dolor es más íntimo durante la noche
y este espacio demasiado infinito.

martes, 7 de junio de 2011

Finito.

Es cierto que las luces mueren,
antes o después se acaban, languidecen
se borran y se olvidan. La felicidad
se agazapa olvidada y marginal

y muere.

No deja ser recordada
y limpia escaleras de algún portal
malgastando las horas contigo
conmigo, cuando éramos

hoy muere.

...

Toco esporas sin color en mi bolsillo
-me sorprendo solo y tranquilo-
germinarán inesperadamente (evito los adverbios)
cuando tropiece con lo que ahora es invisible

ahora sé que una luz muere.


me sorprendo solo y tranquilo.

sábado, 17 de julio de 2010

Ingo y Drago



Dices que callas y sigues hablando
con las pupilas de nada abarrotadas
de palabras cristalinas
de un gris afilado y metálico.

Vomitas páginas llenas de mis lágrimas
(un día y) naces del rincón asesinado
que abarrota el polvo de azúcar
donde dormirás solo cuando muera.

Estás ahí donde jamás podré tenerte
otra vez. Te dejaste llevar
porque afilé mi conciencia y vendí
mi piel al peor postor.

Lo sabíamos cuando rozamos el sexo
con las pestañas sudorosas, cortados
los calcetines que ya no suben
hasta las rodillas donde hoy

resbalan las lenguas.

El barco escupe el vapor ahora
porque huimos de él; cerramos
los ojos y las puertas con saliva
que ya no sabe a caramelos
de coca cola]

Te sigo viendo marchar
y quedarme con los brazos vacíos.

martes, 30 de marzo de 2010

Peter and the Wolf

Querido Tiempo, cuánto hace que no nos cruzamos las miradas.

Tú has sido sin duda más cobarde que yo, pero eres más fuerte, siempre lo eres. Llevo reclamando tu saliva varios soles, pero te resistes, hoy mismo te sigues resistiendo, y posiblemente saldrás corriendo, otra vez más, cuando se acaben los efectos moribundos de la droga que nos invade ahora mismo.

No eres ni más grande ni más sólido que yo, ni que él. Eres constante, aunque no lo sabe (ese es nuestro secreto, tuyo y mío), y erosionas por testarudo el filo de mi carne. Así has cortado algún hilo que no debías, pero siempre en silencio, esa es tu forma de hacer las cosas. Nuestro pacto.

Te dejo hoy esta diatriba porque nos hemos cruzado en las ensoñaciones de tus concubinas (y de las mías); y llevo varias jornadas persiguiéndote. Recuerdo ahora que antes me dabas la mano, !coincidiamos tantas veces¡ pero ahora han muerto todos, y sólo quedamos tu y yo, y él -pero siempre ha sido diferente-.

Ahora advierto por qué te marchaste, celoso cerraste con silicona cada arista de aquel pequeño cuarto donde dormiamos juntos, no te culpo. Fui yo quien abandonó la cama primero, pero las sustancias del alma no son química mensurable.

¡Ay Querido Tiempo, si supieras cuanto nos hemos pérdido uno del otro!

Márchate ahora si quieres, acabo de darme cuenta que esto no es un principio, nunca acabamos solo rompimos aquel boli de plástico que nos atravesaba a ambos. Eramos jovenes y acababamos de pisar tierra, ¡ha pasado tanto! creo que no veo la orilla ahora.

Vuelvo a veces por la seguridad que dan los caminos pisados, pero sigo entrando y alejándome porque ya nada funciona en mi.

Vete, márchate cuando despiertes, nos volveremos a ver pronto.